ELECCIÓN DE METAS
Tenemos que organizar planes de vida y de eso depende en gran medida nuestros éxitos o fracasos vitales. Todos tenemos una meta que es querer ser felices. La elección de las metas es una de las más delicadas operaciones de la inteligencia, y muchos fracasos llegan porque las metas que emprendemos son imposibles en sí mismas o para nosotros.
- El problema de coordinar metas con otras personas es difícil y eso causa frustraciones. Un buen ejemplo lo tenemos en las relaciones de pareja y en las relaciones familiares. El miedo a un fracaso en las relaciones de pareja hace que cada uno de los miembros invierta poco en ella, se vuelve uno “reservón”. Se preparan para el posible divorcio.
- “He elegido mal mi meta” era imposible, contradictoria.
- “No coordino mis metas con las impuestas por la sociedad” individualismo insolidario.
- “No he sabido coordinar mis metas con las de otra persona concreta” matrimonios fracasados.
- La maldad es el gran fracaso de la inteligencia. Nos habla del caso de Napoleón: dice Marina que en su ámbito privado consiguió sus metas, pero considerado desde sus víctimas, fue un perdedor porque no supo resolver los problemas de su nación.
- Es necesaria una inteligencia compartida (pareja, vecinos).

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